VIII

Mientras escribo unas breves lineas que salieron de su perfume en el viento, degusto un helado. La mejor bala destinada para distraerme de su recuerdo. Confieso aquí que esta semana ha sido enteramente de ella. He perseguido a dos mujeres sin que se den cuenta tan solo por el cruel motivo de llevar un perfume.

Un perfume tan atado a sus recuerdos, imbuidos en magia y dolor.

Y no me arrepiento de haberla conocido.

Me arrepiento de nunca revelar que sucedió después que pasó. Pero a quien le interesa cómo se muere y cómo se vuelve a erigir un corazón. He levantado poco a poco y paso a paso mis pasos. Es su mirada. Dura, Intensa y eterna. Y solo recuerdo como era su brillo al mirarme. No pasa un sencillo día sin pensar en ella. Sin perdonar. Sin dejar ir las cosas. Pues a juzgar como soy, la superficialidad nunca fue de mí gusto y catar recuerdos exquisitos se vuelve tan espontaneo como desear un pez fugu por la mañana. Rio. Callo. Muero cada día y renazco a cada paso de esas nubes decorando un cielo, pliego de esperanza y letal pagina del destino.

Vendería, si existiese, mi alma por volverla a ver.

Y al verla: matarla.

 

V

Creo que te vi y fue un momento de inmediata atracción. En esta primera línea solo puedo decir que ya es tarde, que ya debo decir adiós. En este momento… solo puedo decir que de todos mis deseos, aquí los narraré. Una y directa sola narración. Pasional? Sí. Sexual? Ésta es su naturaleza. De incognitas?

Bueno… de incognitas empezaron aquella noche cuando pudimos estar cerca. Fueron besos donde dejamos caer esa cortina que nos heredaba un pasado lleno de sus cicatrices, con nombres y mucho odio contenido. Sin embargo, tus labios no proferían odio. No, notaban una entrega, un deseo. Podiamos dejar el mundo atras y sin arrepentimientos de ningun tipo. No pudimos adornar esos besos de algun abrazo pues… el mundo nos daba un escenario

VII – Domingo

Si te digo adiós, te prometo voltear a verte
entre mis recuerdos intentaré besarte
te resistes a mí y abrazas a tu propio orgullo jurando que el sol es azul.
Y es que el día no es azul, ni tampoco empieza iluminando mi nombre
necios como nosotros, así lo quisimos ver.
Ahora que no estás, eres tan humana como yo. Mereces que te vean tan anónima.
Caemos en la soberbia que tu sonrisa fabulosa after-me sea tan nutritiva como el dulce de mis lagrimas.
Encontraremos que el dolor duele cuando nuestros ojos cuestan cerrarse en la noche. Donde por una vez más invado tus recuerdos y no hay nadie a quien le puedas vender tu negación. Soy sincero y dejo que el dolor entre, total, tu nombre está allí. Así como besas otros labios, soy una cicatriz entre tus besos. Para nada mortal, para nada deleble.
Soy yo… tanto como eres tú.
Si te digo adiós, guardaré mi último te amo. Y voltearé guardando silencio.